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  Biografía de Isabel Álvarez de Toledo, XXI duquesa de Medina Sidonia  
 

Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, nació en Estoril (Portugal) el 18 de agosto de 1936.. Hija de Joaquín Álvarez de Toledo, XX Duque de Medina Sidonia, y de Carmen Maura Herrera, nieta de don Antonio Maura e hija de Gabriel Maura Gamazo. En 1938 pasó a residir, junto a sus padres, a Sanlúcar de Barrameda, donde permanecería hasta el año 1945.

     En 1956 se hace cargo del archivo familiar, que en estos momentos se encontraba depositado en un guardamueble en Madrid, y lo traslada a Sanlúcar de Barrameda, donde quedaría definitivamente instalado en el año 1960. A partir de este momento inicia la organización y catalogación de los documentos que se hallaban desordenados y sin clasificar. Labor que quedaría plasmada en los diecinueve catálogos que están a disposición de los investigadores, y que recogen y describen los contenidos de cada uno de los legajos.

     De la importancia que tenían los archivos para ella a la hora de conocer nuestro pasado, nos dan cuenta estas palabras suyas: "El servicio que presta un archivo permite reconstruir los procesos del pasado, acercándonos a partes de una verdad, para así aprender de la historia, sin dejarnos confundir por fantasías, a menudo interesadas".

     Dedicó gran parte de su vida a rehabilitar y poner en valor el patrimonio de la Casa Medina Sidonia, hoy integrado en la Fundación por ella creada en 1990. Fue su deseo que esta institución se convirtiese en centro difusor de cultura, debiendo servir al hombre en su búsqueda de la verdad objetiva, que tiene por base el conocimiento del pasado, pues como bien señala en su Ideario: "las sociedades no pueden asumir lo nuevo, partiendo del vacío".

     Su labor como escritora y ensayista nos señala un discurso eminentemente social y crítico, donde los temas y personajes se confrontan en un mundo lleno de contradicciones. En cuanto a su quehacer como historiadora, nada le resulta más fácil que poner al descubierto los intersticios del discurso y los mecanismos en que se desarrolla el poder y sus efectos en la sociedad.

     En el año 2007 el Gobierno de España le concedió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, y al año siguiente fue nombrada Hija Predilecta de la provincia de Cádiz, galardón otorgado por la Diputación de Cádiz, que no pudo recoger personalmente, ya que falleció el 8 de marzo del 2008, doce días antes, en su querida ciudad de Sanlúcar de Barrameda, donde descansan sus restos.

     Y sería en Sanlúcar, en sus calles y rincones, donde a través de los juegos con los niños del pueblo, la enfermería de su madre y la relación con los enfermos y pobres, que transitaban por la casa, donde conocería el arte de la supervivencia. En este ambiente contradictorio, donde la burguesía vivía a espaldas de los conflictos y las necesidades sociales, doña Isabel, acabó relacionando de modo implícito la injusticia, dolorosa e inquietante, que había en aquella sociedad.

     Realidad que no dejaría de obsesionarle hasta el último momento de su vida. Por ello siempre buscó el antídoto en el conocimiento, lo que le haría decir en unos de sus escritos: La constante de la historia es el fracaso. Y la causa que acompaña es la de la ignorancia. El remedio será la cultura y la adquisición de conocimientos”. “El bienestar no se conquista sin esfuerzo, ni de la noche a la mañana”.

     En 1946 y tras fallecer su madre, sus abuelos se hicieron cargo de ella, teniéndose que marchar de Sanlúcar a Madrid. La muerte de su madre, la sumiría en un profundo dolor y abatimiento. Fue a ella, su madre a quien prometió que cuando fuese mayor se ocuparía del palacio y del archivo familiar, que por aquel entonces descansaba en un guarda mueble de Madrid.

     Bajo la tutela de su abuelo materno, don Gabriel Maura Gamazo, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española, sintió una vocación por la literatura y la ciencia histórica, abordando sus primeros compromisos literarios y trabajos de historia. En este contexto se fue desarrollando su moral y ética, que a nuestro modo de ver, fueron decisivos a la hora de emprender futuros compromisos ideológicos.

 
 
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     En 1955 muere su padre, don Joaquín Álvarez de Toledo y doña Isabel decide hacerse cargo del archivo histórico y de la casa familiar de Sanlúcar de Barrameda. Un año más tarde decide casarse con don Leoncio González de Gregorio, matrimonio del que nacieron tres hijos, don Leoncio Alonso González de Gregorio y Álvarez de Toledo, XXII duque de Medina Sidonia, doña Pilar González de Gregorio y Álvarez de Toledo, duquesa de Fernandina y Gabriel González de Gregorio y Álvarez de Toledo.

     A partir de este momento comienza un periodo centrado en la reconstrucción del entorno material, que décadas después formaría la Fundación Casa de Medina Sidonia. Su discurso acompañado de la acción, conllevó la conservación y difusión del archivo de la casa Medina Sidonia, para legarlo a las generaciones venideras, como instrumento de estudio.

 

     La organización de todo este patrimonio artístico y documental. Con su ideología política plenamente definida y rechazando cualquier forma de subordinación de carácter político o religioso, participó activamente en los movimientos de las luchas obreras que estaban naciendo, colaborando activamente en las primeras huelgas conocidas en el Marco de Jerez.

     En 1967, tras el accidente nuclear de Palomares, participó en una manifestación en defensa de los agricultores que exigían indemnizaciones por la contaminación sufrida en sus tierras, saltando por primera vez a los medios de comunicación como la "Duquesa Roja". Según sus palabras se encontró a unos ciudadanos empobrecidos, a los que habían retirado sus tierras, pertenencias y trabajo, sin indemnizarles, alarmados porque les hacían reconocimientos, negándoles información sobre el resultado. Me pidieron que publicase lo que estaba pasando y así lo hice”. Fue procesada y condenada permaneciendo durante ocho meses en la cárcel de Alcalá de Henares. Su liberación llegó gracias al decreto - ley de amnistía.

     De su experiencia en la cárcel diría en una de sus cartas escritas desde su celda a su hijo mayor Recapacitando me ha venido muy bien esta temporadita a la sombra. He aprendido lo que nunca me podría haber enseñado la calle. Es como un compendio de los problemas del país. Una síntesis que no puedes encontrar en otra parte, y que te permite llegar al fondo de las cosas, oculto en el mundo de fuera. Tienes una madre que sabe mucho más que el año pasado. Como verás, siempre andamos a tiempo de aprender, recuerda siempre que, aprender es conocer”. Todos los procesos fueron consecuencia dehaber usado una libertad de expresión que se respeta en cualquier país libre,y que espero se respete en el futuro por parte del estado Español”.

 
 
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     Es en estos momentos cuando escribe su primera novela "La Huelga", reviviendo y denunciando el problema del campo andaluz en los años 60 y el caciquismo como instrumento de poder. La publicación de esta novela, junto con los artículos que aparecieron en la revista Sábado gráfico, denunciando la situación que se vivía en las cárceles españolas, concretamente en Ventas y Alcalá, provocaron que en 1970, el Tribunal de Orden Público emitiera otra sentencia condenatoria contra la duquesa, sin embargo, ella decidió antes exiliarse voluntariamente a Francia.

     Años más tarde, confesaría que esta primera obra la escribió por la necesidad instintiva que sentía en denunciar la subordinación material e ideológica de los más desfavorecidos, pues entendía que el deber del intelectual era llamar la atención y dar soluciones a los abusos e injusticias que estaban sufriendo las clases sociales más bajas y desfavorecidas.

 

     En Francia, instaló en París, en una buhardilla de 15 metros cuadrados, cuyo único espacio de luz sería una ventana que daba a la Politécnique, por donde pasarían muchos de los que luego serían los primeros políticos democráticos de este país. Supuso una ruptura extrema con el bienestar económico, social y material, lo que contribuyó a que orientara toda su energía hacia el trabajo de la creación, reclamando a través de sus artículos y obras literarias la libertad de expresión.

     Esta actividad la llevó a viajar por toda Europa, sus análisis sobre la España contemporánea y el mundo, fueron acogidos en los foros democráticos de países como Inglaterra, Suecia, Bélgica, Suiza, Alemania, o Canadá. Actuaba en función a las exigencias propias de aquel momento. Había que denunciar la dictadura de Franco, para ello no dudó en aliarse con ideólogos marxistas, liberales o independientes. Sin embargo, jamás militó, como a ella gustaba decir, en ningún partido político.

     Yo tenía conciencia y derecho, me presentaba en contra de un sistema virtualmente injusto y corrupto. Era joven y creía que en este país se podía erradicar la corrupción. Por una serie de hechos, tuve que ir a la cárcel y después al exilio. Quien defiende sus ideas, algo le cuesta”.

     En los últimos tiempos de este exilio, que a muchos de sus detractores, le gusta calificarlo como de “dorado”, empezó a ser considerada una desclasada. A este respecto solía decir: todo ello no son más que prejuicios de aquéllos que consideran que el ser humano responde a una etiqueta, sea de índole económica o política. Y yo, lo que soy y he sido siempre ante todo es persona, dotada de un cerebro que me ha permitido pensar, analizar y observar. Por tanto, que cada uno piense lo que quiera, sea lo que sea, ello no me ha de impedir actuar según la conciencia y la razón me dicte”.

 
     En estos años de duro combate ideológico con la oposición española, su preocupación básica consistía en lograr que en España, una vez muerto el dictador, se lograse implantar la Democracia, pero para ello se hacía necesario crear nuevas libertades, necesarias para combatir nuevas formas de dominación, impuestas por los llamados epígonos del franquismo. Ello le valió enemistarse con la clase política naciente, convencidos de que había que pactar, aunque fuese renunciando a muchos de los presupuestos éticos esgrimidos años antes. De este modo, y una vez más, rompía con el pensamiento oficial, enfrentándose desde la soledad a los principios políticos de un colectivo que no estaba dispuesto a cambiar sus proyectos personales, ni a renunciar a una vida pública que presagiaba ser prometedora.   luisa isabel alvarez toledo maura fundacion casa medina sidonia sanlucar barrameda marquesa velez
 
     En octubre del año 1976, gracias a los últimos decretos de amnistía concedidos pudo volver a España. Tampoco en esta ocasión fueron fáciles los comienzos, sobre todo teniendo en cuenta las contradicciones que encontró en el sistema de aquel momento, que distaba de responder a su ideal político.
 
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     En 1978, volvió a su casa en Sanlúcar y el archivo, que había quedado protegido durante su ausencia, fue trasladado a esta localidad gaditana. A instancias suyas, consiguió que el palacio de los Guzmanes, fuera declarado Bien de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura. Retomó la catalogación, iniciada antes de partir hacia el exilio. El dinero enviado para ir manteniendo el palacio se había diluido en otras cuestiones, que nada tenía que ver con la pretendida conservación. Todo ello, unido a conflictos personales y familiares, hizo que la “nueva vida” soñada y deseada se rompiese en mil pedazos. Esto provocó que durante bastante tiempo se alejase de la vida pública, encerrándose días y noches en su despacho, personalizando en exceso, a nuestro modo de ver, todo cuanto ocurría de puertas afuera, lo que le impidió aproximarse a los demás, ganándose la fama de mujer excéntrica e intratable.

 
     A partir de los años 80, sacó a la luz nuevas publicaciones, centrando cada vez más su atención en el análisis histórico, con títulos como "Historia de una Conjura" o "Don Alonso Pérez de Guzmán, General de la Invencible", así como numerosos artículos para revistas de investigación y divulgación.
 
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     A lo largo de los años 90 comienza a perfilarse un nuevo horizonte en el ámbito de la materialización de su proyecto vital, como fue la conservación del patrimonio cultural y material de Sanlúcar. En este esfuerzo permanente de alcanzar el equilibrio entre lo público y lo privado, creará la Fundación Casa de Medina Sidonia, pasando el palacio con todo lo que contiene incluyendo su archivo a ser propiedad de la misma. De este modo aseguraba desde el punto de vista institucional y jurídico, todo el patrimonio artístico y documental.

 

     A lo largo de los años 90 comienza a perfilarse un nuevo horizonte en el ámbito de la materialización de su proyecto vital, como fue la conservación del patrimonio cultural y material de Sanlúcar. En este esfuerzo permanente de alcanzar el equilibrio entre lo público y lo privado, creará la Fundación Casa de Medina Sidonia, pasando el palacio con todo lo que contiene incluyendo su archivo a ser propiedad de la misma. De este modo aseguraba desde el punto de vista institucional y jurídico, todo el patrimonio artístico y documental.

     La Fundación representó y representa la normalización entre la vinculación que debe existir entre lo público y lo privado, además de contemplar que los bienes que contiene son sumas de valores culturales que fijan las raíces de una sociedad, de un pueblo que se ve representado, vinculándose moral y afectivamente con el lugar. Con ello se da contestación a la dimensión social que debe tener este tipo de patrimonio, que Luisa Isabel Álvarez de Toledo siempre consideró que era de todos y como tal debía ser mantenido y conservado.

 
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     Los que tuvimos la suerte de tratarla y compartir el día a día, así como la gente que venía a casa para conocerla o hablar con ella, guardamos un profundo cariño y respeto hacia lo que representó. Todos aquéllos que se acercaron a su persona desde la sinceridad pudieron comprobar su grandiosa bondad y su sabiduría, que supo transmitir con sencillez y humildad.

     Hemos querido voluntariamente resaltar en esta somera aproximación a la figura de doña Luisa Isabel Álvarez de Toledo, una imagen desligada de vivencias personales o familiares, pues al volver la mirada al pasado, la observamos delante de su ordenador, dando formas a ideas y proyectos, que siempre tuvieron que ver con asuntos colectivos, enfocados a mejorar el mundo.

     Eligió la escritura como medio para llegar a los demás y se mantuvo hasta el final de sus días en la creencia de que el hombre es capaz de cambiar, de alejarse del imperio de dinero y de la ostentación. Quizá algún día ello sea una realidad, pero lo que sí es seguro que enseñanzas como las suyas harán que estemos algo más cerca de alcanzar este sueño.

     Desde la experiencia personal de los que la conocimos, podemos decir que fue un ser excepcionalmente sensible y frágil, con un sentido extremo de la honestidad e integridad personal, cualidades que hubiera querido encontrar en todas las personas.

 
 
   
   
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